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“Ya no explico la ley del órsay”

Mueve sus manos más rápido de lo que habla. Su voz tapa las voces de otras mesas y del relato del partido de Argentina–Polonia que está sintonizado en dos televisores. La misma voz que cautivó a Óscar Avero, el periodista deportivo apodado “el poeta”, quien la invitó a formar parte de Sport 890 cuando ella tenía 20 años. Hoy, Virginia Ithurbide produce y conduce 13 a 0 en radio El Espectador y es la voz institucional de TV Ciudad. Ella es una de las seis entrevistadas para la expedición anual que denominamos “Mujeres con cancha”.

Estudiar pediatría, la visita a una radio, cubrir “canchas chicas”, formar parte de Sport 890, movilera de carnaval, integrar el programa Tiempo de fútbol y cubrir la selección, en esa sucesión de hechos y a un ritmo tan frenético, como un desborde por la punta, comenzó su carrera dentro del periodismo deportivo y con la admiración a Silvia Pérez a quien la define como mentora de muchas.


Mujer sentada en una mesa de un bar. Arriba de ella se ven colgadas remeras de cuadros de fútbol.

“La época que cubrí [la selección] fue muy mala. Cubrí el 5 a 0 contra Colombia. Mucho cambio: [Jorge] Fosatti y [Juan Ramón] Carrasco. La última parte de la debacle.”, describe mientras relojea el partido de Argentina. Las adversidades futbolísticas de la selección no eran mayores a las que se tenía que enfrentar ella para encontrar su lugar: “me tomaba tres ómnibus para ir a ver los entrenamientos, esperaban a que terminaran y después, aunque hubiera llegado antes, era la última en poder entrevistar a los jugadores”. Hoy entiende que si bien exista mayor apertura siguen habiendo dificultades. Incluso considera que muchos medios de comunicación invitan a mujeres a integrar los equipos para cumplir con lo que demanda la sociedad pero siempre con un rol secundario.


Salarios, infraestructura, campera para entrenar en invierno, red de cuidados, son los obstáculos que tiene el fútbol femenino para hacerse profesional, sin dejar atrás la necesidad de una narrativa de género, lucha liderada por su colega Patricia Puyol, sostiene Virginia. “Cuando entiendan que en el público hay un montón de mujeres. Una parte gerencial que diga «le tengo que llegar a mujeres para vender». Pero no me la vendés porque no le contemplás como público”.


Explica que el profesionalismo implica muchas etapas: mejorar el estado físico, el estilo de juego y la parte teórica. La realidad es que muy pocas jugadoras cuentan con contratos en clubes como Nacional, Peñarol y Defensor para que puedan contemplar las exigencias de estar preparadas para la competencia profesional. La dificultad laboral se profundiza también por la falta de consideración del ciclo menstrual: “Sí tenés una mujer con una endometriosis no la vas a poner en el partido”. Hay cuestiones que no se les pasa por la cabeza a los hombres” y por supuesto de la maternidad. “Si quieren jugar al fútbol no pueden ser madres” por la falta de garantías en la continuidad de sus contratos.



Vuelve a mirar el café aunque lo haya terminado para admitir que es necesario hacer una autocrítica porque no ha abordado el tema. Reconoce a colegas que lo han hecho como Soledad Sejas, o Patricia Puyol, a quien considera importante en la narrativa con perspectiva de género, pero también reflexiona si en su equipo de trabajo está obligada a tomar el tema ella: “Estoy en un colectivo masculino que está súper deconstruido desde siempre. El profe siempre me dio las mismas oportunidades”


La actitud de Ricardo Piñeyrúa no la vio en otros ámbitos donde personas interesadas en el fútbol le preguntaban por la ley del órsay cuando se presentaba como periodista deportiva pero con el tiempo dejó de responder: “Al principio la explicaba. Yo no tengo que demostrar a nadie. Buscalo vos en un libro de táctica”.


 

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